Adoración del Santisimo

Tal vez, hace mucho tiempo, que no estás un rato a solas con Jesús en la capilla, o quizás ésta sea la primera vez que harás un rato de adoración.

Ven los jueves a las 18:00 h. y ábrele tu corazón, déjalo que entre en él, allí donde están guardados tus secretos, lo que sueñas, lo que te duele, lo que buscas sin encontrar. Todo, todo ponlo ahora, en el corazón de Jesús.

Él sabe bien que hay en cada uno de esos momentos, de esas palabras, aun en tus silencios, en aquello que no te sale decirle o que no puedes poner en palabras.

"Sólo Jesús conoce el corazón de ustedes, sus deseos más profundos. Sólo Él, que los ha amado hasta la muerte, es capaz de colmar todas sus aspiraciones. Sus palabras son palabras de vida eterna, palabras que dan sentido a la vida. Nadie fuera de Cristo podrá daros la verdadera felicidad". Juan Pablo II

Eterno Padre, te estoy muy agradecido, porque Tu infinito Amor me ha salvado, aún contra mi propia voluntad. Gracias, Padre mío, por Tu inmensa paciencia que me ha esperado. Gracias, Dios mío, por Tu inconmensurable compasión que tuvo piedad de mí. La única recompensa que puedo darte en retribución de todo lo que me has dado es mi debilidad, mi dolor y mi miseria.

Estoy delante de Ti, Espíritu de Amor, que eres fuego inextinguible y quiero permanecer en tu adorable presencia, quiero reparar mis culpas, renovarme en el fervor de mi consagración y entregarte mi homenaje de alabanza y adoración.

Jesús bendito, estoy frente a Ti y quiero arrancar a Tu Divino Corazón innumerables gracias para mí y para todas las almas, para la Santa Iglesia, tus sacerdotes y religiosos. Permite, oh Jesús, que estas horas sean verdaderamente horas de intimidad, horas de amor en las cuales me sea dado recibir todas las gracias que Tu Corazón divino me tiene reservadas.

Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, me uno a Ti y te suplico me hagas partícipe de los sentimientos de Tu Corazón Inmaculado.

¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de todos los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido.

Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.