Nuestra Señora de Valvanera

Mirar a Nuestra Señora de Valvanera es contemplar a María mostrándose a Jesús, o lo que es lo mismo, ver a la Iglesia dándose a conocer al Señor.

Esta imagen es réplica del original que parece datar del siglo X y que se conserva en la Real Abadía-Santuario de Nuestra Señora de Valvanera en la Rioja, celosamente custodiada por los monjes benedictinos. Los documentos mas antiguos que se conservan y que datan del siglo XIII cuentan cómo, según la tradición, la imagen original fue encontrada por un ladrón que, convertido, se hizo ermitaño. Muni (Nuño), que así se llamaba sintió en sueños, como la voz de Dios le daba las tres pistas que le conducirían a descubrir la imagen de María.

"... hallarás un gran roble, a sus pies una fuente de aguas cristalinas y dentro del árbol verás varios enjambres de abejas que allí labran sus paneles"

Después con ayuda de un sacerdote llamado Domingo, siguiendo las pistas, descubrirían la imagen de la Virgen supuestamente escondida por los cristianos, en el siglo IX, como precaución ante el constante aumento de la presencia musulmana.

La imagen de Nuestra Señora en el centro del octógono está iluminada por siete luces que simbolizan los siete días de la semana. Es la Virgen María, siempre presente, la que nos muestra a Jesús en quien se cumplen las escrituras que el Niño enseña a los dos ermitaños que se ponen a sus pies. Ellos nos representan a todos, llamados a descubrir en nuestro peregrinar por la vida, a Jesús a través de la Iglesia, por la predicación, que queda representada en la oreja que el artista ha querido pintar en el margen inferior derecho del octógono, signo del catecúmeno (el que tiene el oído abierto a la Palabra).

En el roble, del que surge la imagen del mural, está representada la firmeza de la FE. En el agua de la fuente, la ESPERANZA llena de gracia y en el panal de la miel, la dulzura de la CARIDAD. Tres claves de la vida cristiana.

Nótese también representada la mano del hombre que con la sierra, signo de la voluntad humana, es capaz de colaborar para rescatar a María del interior del roble y a su vez construir la Cruz que asumirá el Salvador por todos los hombres.

Por último, resalta espacialmente en el imagen del Niño la contraposición de sus pies que se dirigen de forma inexorable hacía la Cruz, mientras su mirada sigue haciendo presente a los hombres quién es el CAMINO, la VERDAD y LA VIDA.